27/9/15

La Era del hombre


El egoísmo, un insaciable apego-afecto por uno mismo y los propios intereses nace en realidad de la falta de amor de sí  mismo y se expresa como  lo contrario de la ecuanimidad, el respeto-consideración y el amor al prójimo.  

Desde la in-diferencia, la in-flexibilidad y la omni-potencia  nos separamos de nuestros semejantes, de la naturaleza, del mundo y de Dios. Ya sea desde la visión psicológica o espiritual el egoísmo es la raíz de las enfermedades psíquicas y físicas, del karma acumulado. 

El deseo de posesión, la satisfacción de todos los anhelos instintivos y materiales no resuelve el problema esencial del hombre, el sentido de la existencia y el sentimiento de separatividad.

Puede parecer obvio, pero en la práctica rara vez  lo es, que la condición para llevar una vida equilibrada, no-enajenada-separada, es sostener una relación armoniosa consigo mismo, con los demás, con el mundo; es decir des-envolver un sentimiento de unión. Así hay quienes pretenden realizar esa unión y trascender el ego mediante la sumisión in-condicional a un líder, a un grupo, institución o religión.

Ser consciente de nuestra común condición humana, de nuestras miserias y grandezas, de nuestra ignorancia y nuestro potencial debería ser el primer motivo para que se re-encuentren los hombres. Virtudes como la generosidad y la conducta ética solo se desarrollan por medio de las relaciones con los demás.

El mejor maestro  espiritual no puede convencer  a nadie que no esté abierto y dispuesto a conocerse a sí mismo, a mirar hacia dentro para purificar y cambiar estructuras mentales, para abrir y elevar la consciencia a otras realidades, para comprender y amar al prójimo, para ejercer la libertad interior y realizar la propia realidad.

Aún en contra de la Evolución, nadie puede ser obligado a crecer interiormente, es una elección que la Creación permite al hombre, y así al Final de los Tiempos habrá in-evitablemente una cantidad de seres que quedarán rezagados e imposibilitados de acompañar a la mayoría despierta.

Lo cierto es que las enseñanzas de los Grandes Maestros, la re-flexión y/o la denuncia sobre las miserias de nuestro mundo, el camino que nos lleva al abismo, el antídoto para impedirlo y la cura para todo mal que no merezcas, aunque consideradas certeras y bien intencionadas, luego del primer impacto emocional suelen desaparecer de nuestro horizonte.

Entre tanta gente que camina con pasos perdidos hacia ningún lugar (la gratificación in-mediata y efímera), solo algunos pocos entre las sombras se sienten realmente tocados en su integridad-intimidad como seres humanos y les hace comprobar la urgencia de  crecer y perfeccionarse, de ver que todo es una oportunidad para aprender.

Lo único que se puede hacer es dar el propio ejemplo de vida, indicando un camino. Ningún maestro o líder verdadero busca seguidores permanentes y obsecuentes, al contrario su mayor alegría, y la del Cielo, y motivación más elevada es el despertar-iluminación de cada ser humano y que éste a su vez se convierta en maestro de su propia vida desapegándose y aun superando al gurú.

En su revelador trabajo sobre la condición humana, “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea”, Erich Fromm se plantea cómo y por qué puede estar enferma una sociedad e investiga profundamente la patología de la normalidad.

Se entiende el consenso como la decisión o aceptación de la mayoría, pero que la mayoría se dirija en una determinada dirección y/o manifieste ciertas conductas no significa que éstas sean sanas o virtuosas. En este sentido la democracia bien entendida más que un sistema político es una actitud espiritual, de respeto y consideración por los demás.

La Evolución, a través del Karma o Destino, no favorece ni perjudica a nadie, aunque pueda parecer cruel o injusto nos da la posibilidad de experimentar aquello que debemos aprender a veces muy duramente, más que  luchar contra el Karma la sabiduría nos dice que el primer paso es conciliarnos con él, aceptando lo que es.

Si en verdad queremos cambiar nuestra vida y el  entorno que lo acompaña  para vivir en paz y armonía con todo lo que hay debemos empezar por trabajar en nosotros mismos. Estar a la deriva, lo contrario y lo más común, es esperar in-definidamente, que los demás aspectos, considerados ajenos o exteriores, cambien y para bien.

Para muchos obtener el poder es visto como una ventaja, un logro, un éxito y también a veces una manera  de enriquecerse materialmente, sin embargo quienes ostentan el poder suelen ignorar la tremenda carga-responsabilidad que deberán afrontar por sus actos frente a Aquello que todo lo ordena, la Ley de causa y efecto es infalible, basta con observar en qué nos convertimos.

La persona dominada por el deseo obsesivo de poder termina por hacerse dependiente de los demás, en lugar de perfeccionar su propio ser depende del aplauso, la aceptación y el re-conocimiento de aquellos a quienes pretende dirigir o dominar.

Quien es plenamente consciente de haber sido bendecido con el poder, de cualquier tipo ya sea político, económico, religioso, etc., sabe que es en realidad un servidor de Dios para el beneficio de los demás y nunca de sus propias apetencias egoístas.

Ya estamos en la sexta etapa de extinción masiva de especies en nuestro planeta.  La anterior se debió a una combinación de factores naturales, la presente  se debe a la actitud arrogante y destructora del ser humano y por eso es llamada por los ecologistas la Era del hombre (¿Homo sapiens?) o Era antropológica.

Y si hablamos de la actitud depredadora e ignorante del hombre hacia la naturaleza, que es en definitiva hacia sí mismo y en contra de la armonía del  Todo, como la de--forestación y la contaminación de la tierra, el aire y el agua, debemos mencionar el cambio climático que no es una teoría y ya nos afecta a todos: las inundaciones, el aumento de la temperatura, el derretimiento progresivo de los glaciares, el aumento del nivel del mar, etc.

Además del aumento constante de los residuos, en su mayoría plásticos que invaden el mar formando a veces verdaderas islas, que son ingeridos por los animales marinos provocando su enfermedad y/o muerte, ya es un hecho la acidificación de los océanos producto de la absorción de dióxido de carbono. Aparte de afectar la cadena alimentaria, es decir a nosotros, sus efectos a mediano y largo plazo son aún impredecibles.

A diferencia de los otros reinos, el ser humano es el único que es consciente de sí mismo y de su posibilidad cierta de elevarse  hasta alturas in-imaginables. Si el Antiguo Testamento nos dice que la humanidad predomina sobre la naturaleza no es la justificación y la razón para pretender dominarla y luego arrasar con ella. Los intereses egoístas económicos-políticos  predominan sobre  los ecológicos-sustentables y aún sobre  la propia auto-destrucción.

El verdadero mensaje que no puede ser sino de amor y compasión por el mundo en que vivimos, es que podemos y debemos elevarnos por encima de las pasiones irracionales que  residen en nosotros. El despertar y la salvación del hombre solo se puede dar en conjunto, es decir en armonía con toda la Creación: “Si descubrimos en la naturaleza de nuestro mundo las huellas de Dios, entonces también podremos descubrir la imagen de Dios en nosotros mismos”. Jürgen Moltmann en Dios en la Creación.

La Tierra es un ser vivo  que siente y tiene un alma, es vida porque de y en ella surge la Vida. El mundo es parte del cuerpo de Dios, sujeto y lugar de Su Presencia. Solo si tomamos consciencia de ello podemos crear una nueva y más íntima relación-comunicación con nuestra Tierra y entre nosotros. El hombre, la naturaleza, el mundo y el cosmos no están separados, son aspectos complementarios e inter-dependientes de una misma Realidad.

21/6/15

¿Existe un comienzo?

No es que el budismo niegue la teoría de un Dios-Creador, pero considera la hipótesis no sólo innecesaria, sino también incompatible con los hechos conocidos. Si para poder existir el mundo debió haber tenido un creador que lo antecediera, ¿cómo es que este mismo creador llegó a existir, y por medio de qué leyes estaba gobernada su naturaleza?

Si tal ser fue capaz de existir sin un creador, la única razón para asumir su propia existencia es removida, porque el mundo mismo puede igualmente existir sin una causa que le anteceda. ¿Pudiera decirse entonces que el universo y el proceso de vida tuvieron algún comienzo, o estamos obligados a pensar en términos de comienzos sólo debido a las limitaciones de nuestra propia mente?

Un comienzo es un evento que tiene que suceder en un punto específico del espacio y del tiempo. No puede ocurrir en el vacío sin tiempo porque las tres condiciones del tiempo, pasado, presente y futuro, que son necesarias para que suceda cualquier evento, no pueden darse en un estado sin tiempo. Para que cualquier evento suceda, debe existir el tiempo antes de que suceda (pasado); el tiempo en que sucede (presente) y el tiempo después de que sucede (futuro).

Pero el tiempo es todo él un concepto relativo: deben existir eventos sucediéndose para hacer posible que el tiempo exista, y es sólo a través de ciertos eventos sucediéndose regularmente, tales como la rotación diaria de la tierra y los cambios de estaciones, como el tiempo puede ser conocido y medido.

El acontecer de eventos necesita de la existencia de cosas. Por cosas queremos decir objetos que ocupan espacio y que por sus movimientos entre sí marcan no sólo divisiones en el tiempo, sino también áreas medibles en el espacio. Espacio y tiempo son entonces una unidad; un todo cualitativo con partes cuantitativas o relaciones. Podemos considerarlas por separado, pero no podemos adelantar ninguna declaración sobre una que no involucre en cierta manera a la otra.

En una pincelada ésta es la base de la Teoría de la Relatividad. El conocimiento del espacio y del tiempo depende de la consciencia y de la posición sin ningún punto fijo de observación. El movimiento espacial y temporal es común tanto al observador como al objeto observado, de tal manera que lo que puede ser conocido no es una cosa sino simplemente una relación.

Cuando esto es comprendido se desprende que nunca pudo haber existido un comienzo, un origen que surge de la nada del universo o del proceso de vida. Es cierto que el universo como lo conocemos se desarrolló de la materia dispersa de un universo previo, y cuando desaparezca, sus restos, a la manera de fuerzas activas, darán nacimiento, después de un tiempo, a otro universo en exactamente la misma forma. El proceso es cíclico y contínuo.

El complejo espacio-tiempo es curvo, y en una construcción curva de interrelaciones no puede haber un punto de origen o salida, de tal manera que en estas series de causas relacionadas es inútil buscar una Causa Primera.

Tenemos la tendencia a buscar primeras causas y las pensamos necesarias sólo porque nuestras mentes están condicionadas a la relatividad temporal y espacial; la mente, por su propia naturaleza, debe operar dentro del mecanismo del cual es ella misma una parte; sólo puede tratar con relaciones. Esta es la razón por la que se dice en textos budistas no es posible descubrir el origen de los fenómenos, y no se puede encontrar el origen de los seres obstruídos por la ignorancia y entrampados por el deseo .

De la misma forma que un universo da origen a otro a través de la energía residual que continuamente se renueva a sí misma, eso es por medio del principio de la indestructibilidad de la materia, en esta misma forma la vida de un ser da origen a otro ser que no es el mismo en identidad y que no implica un ser inmutable, permanente.
Aquello que los une es llamado en el budismo kamma, o actividad volitiva; la continuación del proceso causal es llamada samsara, o los ciclos del renacimiento; la actualidad del renacimiento y de la existencia sin ningún principio permanente de identidad o ser es llamada anatta.

Cuando se dice que los ciclos del mundo o períodos del mundo, conocidos en el budismo como kappas, son de una duración inmensurable, debe ser recordado que todos los conceptos de tiempo son relativos; los medimos desde nuestra propia posición. 

En un contexto espacial inmensurablemente más vasto, el contexto del tiempo se alarga correspondientemente, de tal manera que eventos que cubren millones de años con nuestros cálculos, pueden ser medibles en términos de segundos.

El cerebro puede enredarse con el concepto de infinitas construcciones espaciales-temporales que encajan o se impregnan entre sí interminablemente en todas direcciones, pero no está totalmente fuera de las posibilidades de la imaginación humana.

Aparece con bastante frecuencia en el pensamiento budista; hay un número infinito (expresado convencionalmente como diez mil, o incalculable) de universos y treinta y un planos de existencia que tienen amplias diferencias en la medida del tiempo.

Lo que es impensable es un estado no-causal donde ni el espacio, ni el tiempo ni los eventos tienen existencia alguna. Esto tiene que ser comprendido por medio de la percepción directa, lo que significa deshacerse de las cadenas de la relatividad y de sus conceptos y procesos, y contactar dentro de uno mismo el asankhata o elemento incondicionado.

La mente pensante, racional y discursiva, al agotar su exploración de los fenómenos y descubrir que todos ellos son impermanentes y carentes de realidad esencial, debe trascender este mecanismo, parar los impulsos generativos, y así producir la liberación final de todos los procesos. Esta liberación final es llamada Nirvana.


Dimensions of Buddhist Thought” por Francis Story (Buddhist Publication Society, Sri Lanka, 1985). Traducción española con permiso del Ven. Bhikkhu Bodhi de la Buddhist Publication Society.