3/8/12

El Ermitaño


En el silencio interior, que no es lo mismo que el aislamiento o soledad, se anhela la calma y la armonía, aquietar deseos, emociones y  pensamientos para conectar con lo mejor y más elevado en uno. Y si bien es un estado que en su fase más desarrollada supone la in-dependencia de influencias externas, hay circunstancias que lo favorecen o no.

El Retiro, que puede ser compartido pero en un sentido es siempre individual, es una excelente oportunidad por la cual se debería estar agradecido cuando se presenta, para practicar y/o compartir ejercicios espirituales: estudiar, re-flexionar, meditar, actualizar y evaluar el propio estado interior.

No se nos enseña a vivir y mucho menos a morir, siendo la impermanencia  un hecho in-evitable que forma parte de la aventura de vivir. Nadie quisiera re-conocerlo, menos que nadie los padres, pero todo nacimiento es el comienzo de una nueva muerte. El miedo a la impermanencia de todas las cosas, fenómenos y seres no es otra cosa que el miedo a la muerte.

No tener miedo a no-ser re-conocido, valorado o querido,  a no ser algo o alguien, a no tener esto o lo otro, al vacío,  es no tener miedo a la im-permanencia, a la libertad en última instancia. Lo contrario y usual   se manifiesta a través del fuerte aferramiento a las cosas y/o a las personas, ya en lo concreto o como  un continuo deseo in-satisfecho.

Hay que poder  experimentar alejarse de las tendencias generales del entorno sin sufrir por ello, somos humanos es la justificación. El Ermitaño puede sentir pena o tristeza, pero no por añorar las cosas del mundo sino por la in-comprensión y la hipocresía que se manifiestan en y hacia ellas.

Finalmente una vivencia de la comprensión profunda de la propia responsabilidad es que todo lo que hagamos o dejemos de hacer nos afecta no solo a nosotros sino a todo lo que hay. En tanto es una elección y construcción individual, una creación nuestra in-transferible, en esto en un sentido estamos solos aunque sepamos en la intimidad que  la Fuerza del Universo nos acompaña.

El Ermitaño, Arcano N° IX del Tarot, como Arquetipo que todos llevamos dentro, alude al autentico, sabio y solitario buscador de la verdad. A diferencia del Hierofante o Sumo Sacerdote, el Ermitaño no sigue necesariamente un dogma religioso ni pretende el poder que éste pudiera ostentar.

En la numerología pitagórica el nueve representa la plenitud espiritual. En la tántrica es el Cuerpo Sutil,  aquello que da la capacidad de ver más allá de lo que se percibe, más allá de lo finito, aparente y limitado. Es también  el desafío Misterio vs. Maestría: donde hay maestría no hay misterio.

Las claves de este arquetipo son la meditación y la introspección, la necesidad de silencio, el retiro espiritual, iluminar el camino, escuchar la voz interior, purificar pensamientos y emociones, lo cual no significa tener que vivir en una ermita pero si implica llevar una vida más ascética y ordenada.

“Para llegar al amor a todo, me retiro en la soledad. Allí, en el último rincón del universo, es donde abro mi alma como una flor de pura luz. Gratitud sin exigencia, la esencia de mi sabiduría es la sabiduría de la Esencia”. (A. Jodorowsky)

El Ermitaño  tiene mucho que enseñar, aunque no siempre se decide a hacerlo, su energía esta puesta en asimilar lo aprendido y comprenderse primero a si mismo para poder comprender a los demás. Nos enseña a viajar hacia adentro, es la parte más sabia de cada uno, la que escucha y el silencio que hace falta para experimentar el Ser.
Nos muestra cómo  encontrarnos a nosotros mismos cuando el caos  nos acecha, incentiva los retiros espirituales y los momentos solitarios, a veces difíciles pero muchas más mágicamente creativos, cuando la necesidad del silencio supera  todo lo mundano. En su peregrinación camina solo y ligero de equipaje, nunca elige la multitud ni el ruido,  se aleja de la gente frívola y superficial, si no encuentra personas comprometidas con su propia evolución interior, prefiere estar solo.

Representa la sabiduría, la frase de Buda SE UNA LUZ EN TI MISMO, lo define. En las cartas suele llevar un farol o una luz iluminando el camino en su búsqueda de sabiduría y auto-conocimiento, la luz que abre el camino también para quienes vienen detrás.

Y para encontrarse con si mismo debe estar solo, sin compañía humana y con la in-diferencia que como un estigma lo va a perseguir, no hay palabras de aliento ni de des-ánimo, nadie ante quien llorar ni reír, nada que explicar ni justificar, las ilusiones del mundo ya quedaron muy lejos…

19/7/12

La Cosmovisión Andina (caminar juntos)




La Cosmovisión Andina  no sólo implica una retrospección hacia el pasado, sino también la recuperación de una forma de vida que nos legaron nuestros ancestros para saber vivir y poder transmitir esa fuerza a las generaciones venideras con la experiencia y sabiduría de quienes nos antecedieron.

Re-establecer la fuerza ancestral en nosotros no significa el retorno al pasado; es re-establecer los principios y valores eternos del Multiverso. La historia de los pueblos se va forjando según su cosmovisión, que es la forma de concebir el mundo, la vida. 


Muchas culturas occidentales, concebían que la naturaleza era violenta y agresiva, y por lo tanto, desarrollaban una cosmovisión de temor, donde el ser humano estaba sumido en el miedo. Otras, en cambio, observan que la vida y la naturaleza se desarrollan de manera armónica, como ocurre en los pueblos originarios de Abya Yala, por lo tanto, generaron una cultura de respeto y armonía entre todas las formas de existencia.

Entonces, los árboles, las montañas, los ríos, las plantas, los astros, los seres humanos, todos ellos tienen su rol. Bajo esta conclusión, también se desarrollan las formas de cohesión de las sociedades, en cuanto se refiere a política, economía, arte y espiritualidad.
En Los Andes se concibe que las energías del cielo (Pachakama), las energías de la tierra (Pachamama), dan origen a toda forma de existencia, que se inter-relacionan mediante el Ayni.

El Ayni, mas que la reciprocidad es la interdependencia e interconexión entre todas las formas de existencia. Esto nos permite concebir el Ayllu, como la comunidad, no solamente entre los seres humanos, sino entre plantas, animales, minerales, etc. Y todas ellas son iguales, no existe ningún rey de la creación.

Es por eso que el ser humano andino, generó en todas sus actividades, el respeto a toda forma de existencia, a las montañas, al Padre Sol (willka tata), a la Madre Luna (phaxsi mama), a las estrellas (wara wara), a la Madre Tierra (pachamama), a la Madre Agua (cota mama), el Señor de los Vientos (wayra tata), el abuelo Fuego (nina tata), los insectos, las piedras, etc., porque se comprende que, el deterioro de una forma de existencia es el deterioro de todo, por lo tanto, el concepto de caminar juntos es muy importante.

El horizonte es vivir en armonía con todo lo que existe, SUMA WIÑAY QAMAÑA, es una premisa, un principio para nuestra cotidianeidad, comprendiendo que toda expresión, tiene su razón de ser e importancia en la vida.
Por lo tanto, la cultura de Los Andes es una cultura de respeto, en esto es que basó toda su arquitectura, realizando construcciones respetando el entorno y adecuándose a la morfología de la tierra.
La espiritualidad en Los Andes se la vive desde el momento en que uno se levanta. Toda la vida, cada segundo es sagrado. El respeto se va generando a través de todas las instituciones de la Cosmovisión Andina :
- Phuqhachaña, completarse, se refiere a la oración que antecede a la actividad diaria, donde se manifiesta el agradecimiento a los ancestros y a las fuerzas que coadyuvan en la vida. Estamos “completos” cuando nos integramos a nuestros ancestros y les agradecemos.
- La Ch 'alla, donde se despliega el agradecimiento, donde se reconoce que toda forma de existencia vive, por ejemplo: la casa, los cerros.
- La Luxta , que es la ofrenda por el agradecimiento, también para pedir permiso.
- La rutucha es cuando se da la iniciación con el corte de cabello a los niños y niñas. Quien corta cabello, aporta con algo (dinero o regalo) para el niño o la niña, permitiendo devolver el arquetipo principal de la cultura andina: la igualdad.

En nuestras oraciones diarias siempre conversamos con Willka Tata, Paxsi Mama, Pachamama, Qutamama, Wayra Tata. 

Esa es la riqueza y la sabiduría de los pueblos indígenas originarios, esa visión que plasma en una forma de vida que se expresa en armonía los ciclos de la Madre Tierra y equilibrio con todo lo que nos rodea.

Tenemos que aprender el lenguaje de la naturaleza, del Multiverso (Universo); hay un lenguaje y este lenguaje nos permite convivir no solamente entre humanos, sino percibir también los sonidos y la magia de la Vida. El lenguaje que conocen las aves, los árboles, los ríos, las montañas, los insectos.

Es urgente porque las energías convergentes en el planeta Tierra tienen una nueva dinámica, un nuevo ritmo, una nueva frecuencia. Es urgente para el ser humano que se olvidó de seguir el ritmo de la Vida, debe ponerse a tono, debe seguir el ritmo de la naturaleza. En este sentido, es urgente porque todo lo que existe, inclusive los insectos, siguen este ritmo, solamente falta el ser humano.

Caminantes de los Andes